miércoles, 17 de agosto de 2016

Edgar Allan Poe



Desde el tiempo de mi infancia no he sido 
como otros eran, no he visto 
como otros veían, no pude traer 
mis pasiones de una simple primavera. 
De la misma fuente no he tomado 
mi pesar, no podría despertar 
mi corazón al júbilo con el mismo tono; 
Y todo lo que amé, lo amé Solo. 
Entonces -en mi infancia- en el alba 
de la vida más tempestuosa, se sacó 
de cada profundidad de lo bueno y lo malo 
el misterio que todavía me ata: 
Del torrente, o la fuente, 
Del risco rojo de la montaña, 
Del sol que giraba a mi alrededor 
en su otoño teñido de oro, 
Del rayo en el cielo 
cuando pasaba volando cerca de mí, 
Del trueno y la tormenta, 
Y la nube que tomó la forma 
(Cuando el resto del Cielo era azul) 
De un demonio ante mi vista.

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